Dada la situación agobiante en la que siempre hemos vivido, la psicosis diaria, la inseguridad y la razón de desear “vivir en un país sin criminales”. Podemos pensar y desear como una medida disuasoria la implementación de la pena de muerte. Cada vez que se habla sobre este tema, sólo me recuerdo cuando en mis años de estudiante, en la clase de Filosofía Jurídica el profesor escribió en la pizarra “Igualdad para los iguales, desigualdad para los desiguales”. Pienso (muy personal) la pena capital puede implementarse, sólo si se propicia un entorno de igualdades, cuyas medidas sean aplicables a todos (cuando menciono a todos debe entenderse la palabra tal y cual sus significado), y no la distinción que durante muchos años sea experimentado y la cual aun impera, es decir, acá se aplicara a ti o mí ¿Pero a las altas elites? Aquellos que beben, mujerean, trafican, corrompen el sistema, ordenan con un gesto crímenes, siembran la zozobra por tal de hacer valer sus pensamientos idealistas, etc. y que por ostentar puestos de alta jerarquía no son iguales al ciudadano de a pie.
Se debe ser soñador pero sin caer en la fantasía, se debe ser visionario pero sin perder de vista la cultura que impera. La pena de muerte ¿Será aplicada tanto a los oligarcas como al ciudadano común? Antes de legalizar la pena de muerte, se deberá trabajar (y arduamente) en saber elegir a los que aplicaran dicha medida, liberarlos de cualquier chantaje, vulnerabilidad a la corrupción y tantos otros males del cual nuestro sistema de justicia esta demás corrompido, sólo entonces (pienso) estaremos preparados para dicha pena.
No soy un exegeta... pero tampoco soy un incauto