Pero, ¿qué es una hipoteca abierta? Es un crédito hipotecario (que no es lo mismo que un préstamo hipotecario) destinado a la compra de una vivienda habitual que permite al titular disponer del capital que ya haya amortizado o del aún no dispuesto para cualquier otra finalidad. Permite, de esta forma, realizar disposiciones adicionales del capital hasta un límite prefijado previamente que siempre, eso sí, será inferior al capital inicialmente obtenido al solicitar el crédito. El perfil de cliente al que va dirigido este tipo de producto es un cliente con un historial crediticio excelente.
El garante hipotecario, es la persona que garantiza una deuda hipotecaria responsabilizándose del pago de la misma en el caso de que el deudor incumpla sus obligaciones, su situación frente a la deuda que garantiza es la del avalista: Persona que interviene como garante en un préstamo y que asume la responsabilidad de pago en caso de que quien lo pide (prestatario titular de la deuda) no haga frente al pago de la misma o a sus intereses.
Probablemente todos y cada uno de nosotros hayamos confundido en alguna ocasión los términos ‘crédito’ y ‘préstamo’. Seguramente los habremos utilizado sin distinción para referirnos a uno y otro, y habremos dicho eso de “tengo que pedir un préstamo” o “voy a pedir un crédito” creyendo que significaban lo mismo. Lo cierto es que son muy diferentes, y es conveniente tener claro unos cuantos conceptos sobre créditos y préstamos:
En el préstamo la entidad financiera pone a disposición del cliente una cantidad fija y el cliente adquiere la obligación de devolver esa cantidad más unas comisiones e intereses pactados en el plazo acordado.
En el crédito la entidad financiera pone a disposición del cliente, en una cuenta de crédito, el dinero que este necesite hasta una cantidad de dinero máxima.
Por lo que lo que Frank Vane dice es muy plausible; hasta no concretizar por entero la extinción de la obligación es muy difícil el finiquito. OJO con las hipotecas abiertas